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Un día con Guccini

Nuestra señora de la hipocresía

Nuestra señora de la hipocresía

( Interpretación libre de "Nostra signora dell'ipocrisisa", canción con letra y música de Francesco Guccini, grabada por primera vez en el álbum "Parnassius Guccinii", EMI, 1993)

Al final de la juerga permanecía en el aire un silencio extraño, unos rebuznaban con menos prepotencia, y otros gruñían en voz baja: en los desfiles de los modistos se transgredía con menos alegría, y en los rostros sacios y ya demasiado vistos parpadeaba la sombra de alguna enfermedad.

Un artesano de los titulares forzados escribió que Weimar ya se entreveía, y entre anuncios de galletas vi a un presentador de televisión llorar. Después la niebla bajó a puñados, y el barómetro apuntó una tempestad, nos despertamos más viejos y cansados, con un gusto amargo en la boca, y un círculo angelical sobre nuestras cabezas.

El miércoles de ceniza nos confesaron, bien o mal, que la fiesta ya se había acabao, y el Carnaval ya quedaba lejos. Y proclamaron penitencia, y salieron a pasear el cilicio, eructando austeros "hace falta paciencia", "¡ Siempre adelante, pero con juicio !" (1), e hicieron votos con cara astuta a Nuestra Señora de la Hipocresía, para que una mano lavase a la otra, todos culpables, amén, y amenazantes, rezando un poco, esparcieron incienso a su dios, siempre acusando, siempre buscando, al culpable que, ciertamente, no soy yo.

El domingo central de la Cuaresma hubo una procesión de Fulanas de Estado, de puteros de distintas pulgadas, de listos del "lo que se da no se quita", y repicaron todas las noches como campanas sonando a muerto, "Amen, Mea Culpa, et Miserere", pero ni un perro resucitaba.

Los aprovechados de las demandas populares, los cornetistas sin cortapisas, almidonaron un nuevo pudor, pusieron a punto un nuevo desdén, se movieron las primeras piezas con casto lujo y los concursos de la tele pagaron sus sobrios millones, y al público se anunció la bajada de la marea para hacernos volver a ser buenos.

Así, domingo tras domingo, fue una época verdaderamente abismal, aquel mes largo de la Cuaresma, rió la hiena, aulló la loba; estrellas, cometas, y otros prodigios facilitaron las conversiones, los molinos blancos se volvieron grises, y cándidos corderos ciertos ex-leones.

Sólo los pocos que se cabrearon dijeron que era el paso habitual utilizado por los mismos de siempre para armarla una vez más por lo bajo. Después todo calló, venció la razón, se aplacó el cielo, se posó el mar... solamente alguno, en Resurrección, lentamente, en silencio... volvió a pensar.

 

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1 comentario

Sergio -

(1) Hace referencia a un conocido pasaje de "Los novios", de Alessandro Manzoni, cuando el gobernador se halla con su coche en medio de una turba y ordena a su cochero que proceda "siempre hacia adelante, pero con juicio".
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